Nueva intentona del leonesismo político. UPL y PAL volverán a acudir unidos a las elecciones municipales y autonómicas de 2019. Y como preámbulo, la UPL, el partido leonesista histórico y con mayor presencia de cargos públicos en la provincia, acaba de renovar su liderazgo, colocando en la secretaría general al procurador Luis Mariano Santos. Buena gente. Trabajador, inquieto, crítico, realista y mosca cojonera en las Cortes de Castilla y León. Sustituye en el cargo, en una renovación pactada, al abogado Eduardo López Sendino, concejal del Ayuntamiento de la capital leonesa, fiel reflejo del querer y no poder. Serio, riguroso, pero solitario y sin estrategia. Un francotirador bienintencionado de la política.

Pretende el leonesismo recobrar aliento y ganar la calle. Como en los buenos años de Morano y De Francisco. Años que no volverán. Años que fueron una oportunidad perdida. Única. Y que sólo sirvió, al final, para defraudar aquellas enormes expectativas. Luego vino la escisión, los enfrentamientos internos y el baile de siglas. Y la larga travesía del desierto. Un tiempo en el que el leonesismo se ha mantenido gracias a asociaciones culturales y hasta deportivas. El leonesismo político no interesaba a nadie.

A ver qué pasa ahora. Luis Mariano lleva años predicando desde las Cortes de Castilla y León que la Junta margina a León. Es cierto, pero su voto no es decisivo, aunque, de vez en cuando, arranca al gobierno de Herrera alguna concesión en materia de inversiones para  algunos pueblos de León. Poca cosa, la verdad. El PP no necesita a la UPL en casi ningún lado. Para eso ya tiene a Ciudadanos, que ejerce de muleta e los populares a cambio, la verdad, de muy poco. Pocas veces el PP ha tenido un aliado tan barato, manso y cómodo. Como en el Ayuntamiento de la capital leonesa.

La gran oportunidad de la UPL puede venir de las próximas elecciones regionales. Herrera se marcha. Adiós, buen viaje. Y su sucesor, Mañueco controla el aparato del partido pero ni tiene carisma ni transmite confianza. Un bajón electoral del PP podría beneficiar a la UPL y ser uno de los partidos bisagras de la próxima legislatura en Valladolid.

Lo mismo podría pasar en la Diputación de León, donde la UPL cuenta con uno de sus grandes activos políticos: el diputado Matías Llorente. Un histórico que conoce todos los entresijos y dobleces de la casta funcionarial del Palacio de los Guzmanes y de la oxidada clase política que gobierna una casa bajo la espada de Damocles de la Púnica y del juzgado de guardia.

A la UPL le falta vertebración territorial, crecer por la provincia, crear organizaciones locales y comarcales. Llegar a El Bierzo y fomentar alianzas electorales con grupos localistas. La UPL no será nada nunca si no tiene presencia en la comarca berciana. No se puede renunciar a un tercio de la provincia. Y es de locos querer estar en Salamanca y Zamora y renunciar a la tierra hermana de El Bierzo.

Al realista Luis Mariano le falta un baño de ambición. Y de creérselo. En estos tiempos turbulentos de ismos, populismo, nacionalismos y otros extremos, los localismos como la UPL pueden tener su oportunidad. Hay muchos electores hartos de tantísima corrupción y promesas incumplidas de los viejos partidos que buscan una alternativa. Por eso ahora Luis Mariano tiene la oportunidad de tratar de convencer a tanto elector defraudado y arrepentido de que la UPL poder ser, de nuevo, una oportunidad. Pero hay que trabajarlo con decisión.