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Opinión


24 de marzo de 2017

El análisis racional y científico de la historia. (I)


En mi época de estudiante de bachillerato (hace varias décadas); había una distinción entre las asignaturas de ciencias y las de letras. Entre las primeras se hallaban asignaturas tales como matemáticas, física y química (el trío estrella) y entre las de letras latín y griego por ejemplo entre otras. Desde mi punto de vista una de las diferencias esenciales entre ciencias y letras es que las asignaturas de letras se conseguían aprobar básicamente a base de “empollar”, es decir memorizar conceptos. Por el contrario en las ciencias era preciso además de memorizar conceptos, entender y dominar razonamientos muy diversos; para poder ver por ejemplo la relación que existe entre el espacio y el tiempo en un movimiento uniformemente acelerado. En el terreno de las ciencias no bastaba sólo con memorizar, era preciso razonar y lo que es otra dificultad añadida acostumbrarse a un lenguaje (el matemático) que a veces no era fácil de entender. En una palabra que era algo así como si primero hubiese que dominar los significados de un idioma extranjero (en matemáticas se utilizan muchos símbolos del alfabeto griego como es bien sabido).Lo que he señalado no es siempre y rigurosamente así. Yo apenas estudié latín, pero se que la traducción latina también exigía pensar y había unas ciertas técnicas para tal menester.

Vistas así las cosas parece que la historia se halla claramente dentro del ámbito de las letras. Yo me decanté por la rama de ciencias y sin embargo en los años en la universidad (estudiando Ciencias Geológicas),me entró la afición a la Historia que he mantenido y mantengo. Por ello cuando en el año 1993 publiqué un libro sobre historia local (Castropodame) y haciendo mención expresa de la conocida frase de H. Poincaré (“Toda ciencia tiene de ciencia lo que tiene de matemática”), expuse la idea de que también a la Historia hay que darle un tratamiento matemático. Es más que todo buen historiador debería hacerlo así para ser tal. Han pasado los años y he seguido meditando sobre esta idea y me ratifico cada vez más en ella. Asimismo creo recordar que en algunos de mis artículos he insistido en la idea de que historia debe ser analizada con criterios científicos y como tal bien puede ser considerada una disciplina científica mas y no simplemente una asignatura de letras.

HISTORIA CUANTIFICADA

La historia para que sea veraz y objetiva; es decir ajustada lo más posible a la verdad ha de estar inexcusablemente cuantificada. Por ejemplo si decimos que una ciudad fue importante ello ha de estar avalado por datos concretos que al final siempre, son números. Número de habitantes, extensión de su núcleo urbanizado, volumen de su comercio, número de centros importantes de poder político, religioso, económico, militar,……. presentes en la misma, número de vías de comunicación que la atravesaban,…..así podríamos seguir  hasta límites tan amplios como deseemos. Es en definitiva la idea que creo ya se expresó en la Antigua Grecia (“el número es la esencia de todas las cosas”)

Esta cuantificación de la historia tiene las mismas dificultades que cualquier otro intento de cuantificar otras realidades de nuestro mundo; con la dificultad añadida de que el paso del tiempo a menudo borra las huellas. La presión que ejerce el agua de un embalse sobre la presa, se puede comprobar cuantas veces sea preciso; pero con los hechos pasados esto no ocurre. Además hay que tener en cuenta que la realidad exacta de nuestro mundo nunca la podremos conocer del todo; afirmación esta que oí a un compañero de trabajo (Ingeniero de Caminos) y que me sorprendió viniendo de una persona con tan profundos conocimientos matemáticos; pero el ingeniero tenía toda la razón. Veamos un caso trivial.

Si medimos la fachada de un edificio con mucho cuidado y numerosas veces obtendremos diversas medidas ligeramente diferentes. ¿Cuál es la exacta? Pues en realidad ninguna; ahora bien lo más probable es que todas ellas (salvo un despiste del medidor); se hallen dentro del nivel de precisión que se necesite a los efectos buscados con la medida. No es lo mismo medir una casa para intentar conocer su valor comercial, que hacerlo para cubrir su fachada con planchas de cristal de alto valor. En ese último caso quizá unos centímetros de más o de menos si importen y en el caso anterior no.

Un estudio o una descripción de la geografía de una región puede ser algo tan simple que ocupe una hoja de un libro o puede ser tan profundo que uno sólo de sus edificios sirva para escribir ese libro. No es preciso tener unos conocimientos excepcionales para por ejemplo escribir un libro sobre una roca cualquiera que hallamos en el monte. Se puede empezar describiendo sus características geométricas, (aspecto general, medidas, forma, fracturas que presenta,….), describir su historia geológica, pasar a su composición mineralógica, describir después uno a uno sus minerales, luego describir su estructura atómica, luego hablar de cada uno de los átomos;……la Ciencia parece ser el “Ojo de Dios” que todo lo ve. El cúmulo de conocimientos científicos sigue un ritmo cada vez más acelerado. Es una progresión geométrica. En el año 1951 D.J. de Solla Price estudió la hoy conocida como Ley Bibliométrica (Price J.S. 1976) que indica mediante una fórmula matemática como crece con el paso del tiempo el cúmulo de conocimientos científicos de la Humanidad.            Pese a este crecimiento no hay el menor atisbo si no al contrario de que llegue un momento en el que ya se sepa todo y por tanto sea imposible saber más. Esa meta sólo ha sido alcanzada por Dios (según la religión). Por otra parte la descripción de una realidad cualquiera;(el plano de una ciudad por ejemplo); por muy exhaustiva que sea será siempre una aproximación a la realidad (válida eso si a muchos efectos); pero jamás la realidad misma.

Todo lo dicho se aplica también a la Historia. Cualquier acontecimiento del pasado por muy analizado, revisado y estudiado que esté; no estará jamás libre de que cualquier asunto puntual del mismo se pueda ampliar, matizar o incluso revisar en base a nuevos datos que con el paso del tiempo aparezcan. Todas estas modificaciones se han de apoyar siempre en datos de índole cuantitativa pues son los más objetivos.

Hay otras cuestiones que quiero exponer en este artículo; pero veo que me extenderé mucho y por ello lo dejaré para su continuación, en el próximo. Termino pues insertando una imagen que representa la llegada de Colon a América. Está tomada de una página de la Red (epocacolonialvictoria.blogspot.com.es 16-11-2.015).Este acontecimiento histórico se consideró por muchos como una gesta heroica por parte de los españoles. Hoy sin embargo abundan quienes afirman que deberíamos avergonzarnos de ello. ¿Quién tiene razón?. Para intentar responder a esta pregunta hay que hacer-entiendo- un profundo análisis de infinidad de cuestiones que tienen que ver con el asunto y un análisis cimentado en datos numéricos. Aún así quizá no haya manera de averiguar la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad; como debe ser.

Tengo la sensación de que con respecto a este y otros asuntos similares; muchas personas se limitan a hablar y escribir dando rienda suelta sin mas a sus sentimientos; sin tratar de informarse antes todo cuanto sea posible; lo cual puede ser comprensible pero no razonable.

Madrid 19 de marzo de 2.017

Rogelio Meléndez Tercero

 

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