Aunque San Francisco de Sales queda aún lejos, más cerca están la entrega de los principales premios de periodismo de Castilla y León, los Cossío; o el reciente cambio de presidente del Colegio de Periodistas de la Comunidad. Así pues, sirven ambos hechos para hablar de nosotros, los periodistas, sin ser el día de nuestro patrón

La casualidad, la vida misma o quién sabe qué, ha proporcionado a este periodista la visión estructurada del periodismo madrileño, el regional-vallisoletano, el provincial y hasta si se me apura, el local más cercano y pegado al pie de la calle, de la gente, de la noticia. Obviamente, desde tal atalaya biográfica la comparación de los estereotipos, la flora y fauna del gremio, así como de la comparación entre lo teórico y lo práctico ha sido y es enorme. Casi bestial por lo abrumador de la diversidad general.

Una de las aportaciones que los premios Cossío debería ser -que nacieron como impulso de información regional en un contexto excesivamente provincializado- es el estrechamiento de lazos de los profesionales de las nueve provincias y media porque el actual modelo adolece de una parte grande de presencia de una prensa y sus periodistas más… provincianos. De hecho, si atendemos a los premios, el periodismo del nuevo milenio, el digital, es el primo pobre al que no se sienta en la mesa controlada por media docena cronificada. Abramos puertas por favor.

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