El premio del VI concurso de recogida de Toponimia ‘Concha de Lama’ del Club Xeitu ha recaído en el trabajo ‘Toponimia de Villaseca de Laciana’, presentado por Alberto González Llamas. El jurado ha reconocido en esta ocasión una obra que recoge nombres, parajes y curiosidades de esta localidad lacianiega, que hace ahora un siglo, en los albores de la minería del carbón, iniciaba una profunda transformación social y demográfica que multiplicó su número de habitantes.

El jurado, integrado en esta convocatoria por Ignacio Prieto Sarro y Jesús Álvarez Courel y en el que ha actuado como secretario Víctor del Reguero, felicita un año más a los participantes por los trabajos que se han presentado al concurso, gracias a los que se recopila y salvaguarda una parte de la tradición popular del mundo rural, en claro riesgo de desaparición.

El concurso de recogida de toponimia ‘Concha de Lama’ es convocado por el ‘Club Xeitu’ desde el año 2012, con la colaboración del Instituto Leonés de Cultura. Está dotado con un premio de 300 euros, además de la publicación de la obra ganadora dentro de la colección Toponimia. Dirigida por el geógrafo Ignacio Prieto Sarro, en ella se han publicado ya siete volúmenes, correspondientes a los pueblos de La Majúa, La Vega de los Viejos y Pinos (Babia), Montrondo y Sabugo (Omaña) y los lacianiegos de Rabanal de Abajo y Lumajo.

Alberto González Llamas (Villaseca de Laciana, 1959), minero jubilado, entró en la mina a los diecisiete años. Cursó estudios de Derecho en la UNED, carrera que dejó sin concluir para dedicarse a la representación laboral y la actividad sindical. Interesado en diferentes disciplinas culturales, aficionado a la pintura, la lectura y la narrativa, en cuya modalidad ha visto publicados algunos relatos, se ha sentido desde siempre atraído por el entorno natural y la geografía humana.

Este interés le ha llevado a la recogida de los topónimos de su pueblo natal, un trabajo que confiesa que le ha llevado a “haberse encontrado de pronto con sus principios, acercándose aún más al investigar en los nombres dados desde la antigüedad. En la toponimia se manifiesta esa tradición y el conjunto de nombres viene a ser una crónica de sus memorias“, apunta.