El escritor, humorista y comunicador Pepe Colubi ha recordado recientemente en una entrevista en la Cadena SER el impacto decisivo que tuvo Villablino en su vida personal y creativa, un episodio que él mismo define con ironía como la activación de su “gen del reggae”.
Colubi remonta esta influencia a un verano en el que llegó a Villablino con apenas 16 años. Según relató, fue en la capital de Laciana donde unos mineros le introdujeron con una escena musical y cultural marcada por la presencia de población caboverdiana en la cuenca, un fenómeno habitual en la comarca durante las décadas finales del siglo XX.
En ese contexto, el reggae se convirtió en una puerta de entrada a una forma distinta de entender la música y la identidad. Colubi explicó que en Villablino y su entorno existía una notable actividad musical ligada a este estilo, con grupos como Africans People Band, que actuaban tanto en la comarca lacianiega como en Ponferrada y otras zonas de El Bierzo.
Fue precisamente ese grupo el que, entre bromas y camaradería, comenzó a llamarlo “Rasayan”, en referencia a su estética y a las rastas que acabarían convirtiéndose en una seña de identidad. Aquella convivencia musical y cultural, según contó, terminó por “convertirlo” simbólicamente en un rastafari, más como actitud vital que como etiqueta formal.
Colubi subrayó que Villablino se le presentó entonces como una comarca abierta, mestiza y culturalmente permeable, muy alejada de los tópicos que suelen asociarse a las cuencas mineras. La influencia caboverdiana, unida a la tradición obrera y a la vida comunitaria propia de Laciana, creó un caldo de cultivo que dejó una huella duradera en su forma de entender la música y el relato cultural.
Años más tarde, todas esas experiencias dispersas encontrarían un hilo conductor en el podcast que desarrolló para Radio Primavera, donde Colubi ordenó y reflexionó sobre las influencias musicales, vitales y estéticas que había ido acumulando desde su adolescencia. Villablino y el reggae aparecieron entonces no como una anécdota aislada, sino como un punto de partida fundamental.
Más allá de la anécdota personal, el testimonio de Pepe Colubi vuelve a situar a Villablino como un territorio que, durante décadas, fue mucho más que una cuenca industrial: un lugar donde identidades, músicas y experiencias se cruzaron dejando una huella que todavía hoy sigue resonando.