Una especie de ukelele elaborado con el cuerpo de una calabaza, una cafetera con dos cuencos a modo de campana, una especie de batería en la que los timbales son viejas botellas de plástico, y un instrumento que utiliza como caja de resonancia la parte superior de una farola antigua son algunos de los inventos fabricados en el municipio berciano de Fabero por el etnopercusionista Maikel Barreira, que utiliza elementos naturales de la comarca y otros materiales reciclados para dar vida a estas piezas. Con ellas, pretende “conseguir los sonidos de la tierra” y “dotar de una segunda vida” a materiales de rechazo que se encuentran tirados por los pueblos de la zona. “Hay mucha gente que cuando ve un instrumento no sabe ni lo qué es, pero cuando lo escucha, se sorprende”, explica.

A sus 35 años, las manos de Maikel han dado vida a centenares de estos instrumentos que, además de ser visualmente atractivos, ocultan sonidos secretos. Algunos de ellos han ido a parar a las manos de artistas como el guitarrista del grupo Def con Dos Alberto Marín y la cantante de jazz de origen ceutí Babel Ruiz. Además, el berciano ha participado en un curso en La Casa Encendida de Madrid junto a Marisa Trench de Oliveira Fonterrada, doctora en Antropología y prestigiosa especialista en los estudios que relacionan la música con la educación.

El camino que llevó a Maikel a la fabricación de estos llamativos instrumentos arrancó con sus estudios de etnomusicología, de los que actualmente se sirve para llevar a cabo sus clases como monitor de percusión africana y musicoterapia. “A veces me paso mucho tiempo en un invento y luego no tiene el resultado que esperaba”, admite el músico, que ejerce de percusionista de la banda El Viaje de los Argonautas, donde toca una “batería un poco artesanal”, que incluye elementos con timbres y sillas.

Pero su relación con el mundo de la música no se acaba ahí, ya que Maikel es también el conductor del programa musical ‘Laboratorio de sonidos’, que cumple cinco años en las ondas de Radio Fabero y en el que ha podido mantener entrevistas con músicos de Brasil, Argentina, Venezuela y Estados Unidos. Precisamente a raíz del programa radiofónico, el músico alcanzó un acuerdo con la primera tienda especializada en percusión de Ecuador. “Cada año llevo instrumentos allí y es algo bonito porque hay instrumentos míos en todo el mundo”, explica orgulloso Maikel, que cita a Francia, Australia y varios países de Sudamérica como los lugares en los que sabe que han ido a parar alguna de sus creaciones.

Proceso de creación

El primer paso para diseñar y construir las piezas que forman parte de la colección personal de Maikel consiste en la selección de las semillas y del lugar en el que se plantarán. “Es un proceso muy largo, porque hay que esperar a que crezca el cultivo, cosecharlo y luego curarlo. A veces planto las cosas yo sólo en el monte, donde veo un sitio que creo que puede funcionar o que me apetece tener algo de ese lugar”, explica el artista, que reconoce que la calabaza es su materia prima principal.

Una vez cosechado el fruto, las calabazas deben dejarse secar y someterse a un proceso de curado que es diferente según las características que se pretendan conseguir. Así, algunas de las calabazas pasan hasta seis meses fermentando en aguardiente o vino para que se modifique su dureza y color. El último paso del proceso de creación consiste en la impermeabilización de los distintos elementos que configuran el instrumento, para lo que el artista se sirve de otros materiales ecológicos, como la cera de abeja o la resina de pino.

Junto a estos elementos, el artista utiliza otros materiales naturales, como pieles de cordero o madera de castaños y cerezos autóctonos. “Tienen que ser árboles de la comarca y animales nacidos, crecidos y muertos aquí, porque lo que a mí me interesa, lo que más valoro a título personal es lo natural, lo de la tierra”, asegura Maikel, que busca con la creación de estas piezas poner en marcha una especie de “huerta sonora” que recoja los sonidos del Bierzo. “Yo también utilizo mis instrumentos para tocar y hacer mis composiciones. Y ver que de una semilla acaba saliendo un instrumento me llena mucho, es muy satisfactorio”, explica.

Segunda vida para los deshechos

En cuanto a las piezas fabricadas a partir de materiales reciclados, el proceso suele arrancar con una visita al punto limpio, en la que el artista localiza los elementos que les pueden ser útiles y apunta las ideas en su libreta. En otras ocasiones, el material de deshecho se encuentra abandonado en zonas donde su presencia afea el entorno natural. “Hay muchas cosas tiradas, es increíble. En las zonas rurales especialmente, cuando un elemento deja de servir se aparta y se amontona”, explica.

Una vez seleccionado el material que va a usar, Maikel se pone manos a la obra con la investigación de los estudios volumétricos que le permitirán saber qué notas y escalas podrá alcanzar con ese elemento. “La función es que todo el material se vuelva a usar. Con ello le das una segunda vida y además limpias el monte”, relata el músico, que hace gala de una especial sensibilidad para ver la capacidad de producción de sonido de elementos que la mayoría calificaríamos de basura.

Instrumentos creados por Maikel Barreira. / CÉSAR SÁNCHEZ (ICAL)

La construcción de estos instrumentos reciclados es “complicada”, reconoce Maikel, que suele utilizar herramientas sencillas como martillos y formones para llevar a cabo el trabajo de lutier “de manera artesanal y sin utilizar máquinas”. “Lo más complejo es utilizar elementos de metal porque ya necesitas una radial y otros útiles para soldar”, explica.

Además, todos los instrumentos deben incluir el “toque personal” del creador. “Me gusta inventar, hacer cosas por mí mismo, que no sean réplicas ni sigan paso a paso un tutorial”, asegura el artista, que defiende que hay “mil métodos para dar forma a los materiales”. “Yo llevo muchos años haciéndolo, pero nunca pensé que iba a llegar a tanto”, reconoce.

Influencia africana

Al respecto, Maikel compartirá los conocimientos adquiridos a lo largo de todos estos años de fabricación de instrumentos con los asistentes al taller infantil de reciclaje musical que el artista impartirá en el mes de agosto, durante la celebración del festival Villar de los Mundos, que dedica su edición de este año a Guinea Ecuatorial.

En ese sentido, el músico reconoce la influencia africana en sus creaciones. “Mi padre es de origen portugués y vivió en Mozambique muchos años. Yo creo que de todo eso, de hablar con mi familia y con mis abuelos, surgió la idea de fabricar instrumentos. Ellos siempre me contaban cómo la gente de allí utilizaba distintos elementos para crear fuentes de sonido y poder fabricar uno mismo las cosas siempre me ha parecido muy atractivo”, reconoce el artista.