La marcha blanca entra en Páramo al grito de ‘Mañueco escucha, Laciana está en la lucha’

En esta etapa desde Palacios del Sil han participado 274 personas, que llegaron a Páramo a las 12:30 horas. La parada para el descanso tuvo lugar en Las Ondinas
Etapa 2 de la marcha blanca entre Palacios del Sil y Páramo del Sil. / Iván Kalax

Al grito de ‘Mañueco escucha, Laciana está en la lucha’ hizo su llegada a Páramo del Sil la marcha blanca en defensa de la Sanidad de Laciana y El Bierzo. Los 274 integrantes, veinte más que en la jornada del pasado lunes, llegaba a la localidad berciana en torno a las 12:30 horas. La comitiva se adentró en el pueblo al son de la letra modificada por la lacianiega Julia Suárez del himno a la Virgen de La Encina. Tres mujeres de la comarca entonaban las estrofas adaptadas para la ocasión: «A Ponferrada me voy andando con mucha prisa. Y la gerencia del Bierzo le voy a pedir que medie porque acaban con los pueblos. Si no tenemos más medios, si la Sanidad se rompe, las gentes de nuestros pueblos de pena se van muriendo».

A su paso por el pueblo de Páramo, los niños del colegio aplaudían y saludaban a los caminantes, los vecinos daban ánimos a pie de calle y desde la ventana, y empujaban los últimos metros de la etapa, de 13 kilómetros, con sus gritos de aliento. En la plaza del Ayuntamiento, el alcalde de la localidad, Ángel Calvo esperaba la llegada de la comitiva. Calvo confesó «entender y respetar la reivindicación de cualquier zona en materia sanitaria y si Laciana cree que debería estar mejor atendida en este ámbito, comprendo que se manifieste y lo reivindique». En cuanto a Páramo del Sil, el alcalde considera que, durante la pandemia, «hemos sido bien tratados sanitariamente», aunque apunta como necesaria la apertura de los consultorios rurales «sobre todo para los mayores, que tienen mayores dificultades para acceder a las consultas telemáticas».

También en la plaza del Ayuntamiento, la edil de Sanidad de Villablino, Pilar Carrasco, confesó sentirse «orgullosa» de pertenecer a una marcha «inclusiva, en la que tiene cabida todo el mundo». Además de invitar a los vecinos de Páramo a unirse a la marcha, admitió que la comarca de Laciana vive en «el más absoluto de los abandonos en materia sanitaria. Y no vamos a dejar de luchar por un derecho recogido en la Constitución como es la Sanidad» porque «queremos seguir viviendo en nuestra tierra con las garantías de bienestar de todos los vecinos».

Segunda etapa, Palacios del Sil-Páramo

Es la etapa más corta de la marcha. Trece kilómetros. Los últimos metros, de subida casi interminable con Lorenzo apretando. La parada tuvo lugar en Las Ondinas. Sirvió para tomar aliento, reponer cuerpo y mente, llenar el estómago y beber agua, que llega en botellines por gentileza del restaurante El Rozo, D’Cota bar, taberna ‘Barros’ y ‘El Cafetín’. El descanso, agradecido por unos, frena el ritmo de otros. Quejoso un integrante de la caminata aseguraba «que prefería no parar porque el ritmo se frena». A su lado, su acompañante discrepaba.

Poco después de retomar la caminata, a la altura de Corbón del Sil, José Amigo, de 92 años y vecino de Susañe, se suma a la marcha. Acompaña a la comitiva durante unos metros. Con el rostro muy serio, Amigo muestra su indignación ante la situación que vive su pueblo «con el consultorio cerrado. Antes pasaban consulta los martes y los viernes pero ahora si enfermo me tengo que desplazar al centro de salud de Villablino, a unos treinta kilómetros, porque en Palacios del Sil tampoco hay médico». Es por ello que el berciano afirma que «hay mucho político y poca solución».

La cabecera de la fila tira con fuerza, la llegada a Páramo estaba fijada a las 13:00 horas y el paso era acelerado. No importan las ampollas, que ya empiezan a hacer acto de presencia, sobre todo en aquellos que no están habituados a caminar, ni el dolor de pies o de espalda. Nada importa, porque los ánimos siguen y seguirán intactos. Porque el asfalto quema. Es algo que saben bien los caminantes, y aún más los mineros de la marcha negra de 1992, a los que se tiene muy presente por la estoica hazaña que protagonizaron hace treinta años. Uno de ellos Tomás Bejega, integrante también de la marcha blanca, admite que «el asfalto es duro, no es lo mismo que caminar por el monte». Bejega considera que la marcha del 92 creó «alma y espíritu» pero la marcha blanca es «una marcha de la solidaridad, inclusiva, en la que participan pensionistas, mujeres, jóvenes de todas las edades». Emociona, reconoce, «la calidez de la gente al paso por los pueblos, ese arropamiento humano te da alas, genera entusiasmo».

Y hablando de marcha inclusiva. Justo a la cola de la columna camina Caya Riesco, de casi 75 años. Es la mujer lacianiega más longeva de la marcha. Va en manga corta, a primera hora de la mañana, y sin dudar admite que llegará a Ponferrada porque «no hay derecho de que con todo lo que fue Laciana estemos sin médicos. Es triste». En el otro extremo de la columna, justo a la cabeza, el lacianiego más joven de esta acción de protesta, de veinte años de edad, Diego Anglada. También espera completar las etapas y se muestra positivo. «Confío en que haya solución, algo de posibilidad de arreglarlo sí tenemos». Califica la situación sanitaria de Laciana como «pésima. Que no tengamos médicos, deja entrever la mala atención que estamos sufriendo». Se muestra reivindicativo, tal y como es el espíritu de las gentes de Laciana, al que hace alusión. Aún no había nacido en 1992 pero esa lucha obrera caló en él a través de todos los relatos que su familia le trasladó.

Muy cerca de Anglada, Jose González con su coche y la megafonía se muestra feliz. Es quien pone música a la marcha. Las canciones que suenan elevan el ánimo de los caminantes que tararean animados sus letras. Al final de la cola, la ucraniana Svitlana Kopyova, residente en Laciana desde hace diecisiete años. Camina acompañada de su mascota, el pequeño perro ‘Bosa’. La que ya se ha convertido en la mascota de la marcha, tiritaba de frío a primera hora de la mañana en Villablino, envuelto en una manta en brazos de su dueña, que prevé cumplir con todas las etapas. «El perro camina mucho conmigo diariamente, está acostumbrado a hacer muchos kilómetros», señala la joven mujer ucraniana.

Y esto no para porque no hay quien lo pare. Mañana más. Mañana Laciana y El Bierzo continuarán en la lucha. Esta vez cumpliendo la tercera etapa, desde Páramo a Toreno, de diecisiete kilómetros, una de las más extensas. Ponferrada nos espera el viernes.

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