Pasadas las fiestas de septiembre, incluida la Diada, y en la víspera de la hecatombe catalana, que a tantos nos tiene helado el corazón, la realidad se impone y, a pesar de Puigdemont, hay salvación más allá de Cataluña. Con un ojillo siguiendo la indecisión de Colau, la verdad es que el PSOE leonés merece una reflexión en estos tiempos de mudanzas, incertidumbres y calamidades colectivas. Qué buen personaje el  de Puigdemont para una nueva edición del Torrente de Segura, en vez del depredador alienígena que se paseaba la otra noche por el Teatro Gullón de Astorga.

Por cierto, pocos socialistas en la gala de clausura del Festival de Cine de Astorga. O  no fueron o se mimetizaron con el paisanaje para pasar desapercibidos. En el PSOE están en tiempos de reflexión. La pregunta es qué hacer con un secretario general, Tino Rodríguez, que echa a los leones a uno de los suyos, el procurador Álvaro Lara, acusándole de corrupción por cobrar dietas y kilometrajes que en realidad no hace. Ya lo decía el monárquico Romanones en los inestables años de la Restauración: “Al suelo que vienen los nuestros”. A esta práctica se la llama ahora “fuego amigo”, es decir los compañeros disparan a matar entre sí. Políticamente, claro.

La deriva socialista leonesa ha sido tremenda en estos dos años y medio. En las elecciones autonómicas de 2015, el PSOE leonés se apuntaba el tanto de que Herrera, el eterno mandatario del PP, perdiese la mayoría absoluta en las Cortes de Castilla y León. Tino Rodríguez hinchaba pecho y se colocaba por méritos propios en la primera fila de la bancada socialista en el hemiciclo de Valladolid. A chupar cámara. Eran tiempos de rosas y risas. Pero qué poco duran, sobre todo, si uno se equivoca de bando. Rodríguez apostó por Susana en la guerra civil del socialismo español y perdió. Ganó Pedro Sánchez y los sanchistas leoneses quieren ahora su cuota de poder y el control del PSOE provincial. Y a Rodríguez lo acaban de expulsar por demérito propio al gallinero de la bancada socialista, mensaje claro de su caída en desgracia.

Y no se le ocurre otra cosa como estrategia política a Rodríguez que tirar piedras contra su propio tejado, que ya era de cristal, y acusar de un posible delito de malversación a uno de los suyos, como si no hubiera suficiente materia prima en las filas populares de enfrente. Mejor hubiera hecho Rodríguez en utilizar toda esa desbocada energía denunciadora y saneadora en impulsar y animar las alicaídas comisiones parlamentarias de investigación sobre la trama eólica, la perla negra o las cajas de ahorro. Comisiones eternas, opacas y enterradoras de la verdad. Nunca como en estos días, el PP ha agradecido tanta ayuda por parte de un procurador socialista. ¿Para qué necesitan  Herrera y su gente enemigos políticos teniendo amigos como Rodríguez? Todo un balón de oxígeno.

Eso sí, el inesperado movimiento de Rodríguez, ha despejado el futuro inmediato del PSOE leonés. Cuando se convoque congreso provincial, si es que algún día Rodríguez tiene a bien convocarlo,  la alternativa interna lo tendrá más fácil, con la bendición de Luis Tudanca y de Ibán García del Blanco. Rodríguez se inmola fruto de sus propios errores.